La vis reglamentista de este fenómeno del ocio taurino se manifestó bien pronto, ante la evidente crueldad de su esquema escénico. Así, en 1926, la Dirección General de Seguridad comenzó a convocar unos concursos para la presentación de petos protectores de los caballos que se utilizaban en las corridas de toros, en la ejecución de la denominada, por la jerga taurina, suerte de varas. Y en 1928 el entonces Ministerio de la Gobernación aprueba una Real Orden de 7 de febrero de 1928 dictando las reglas a fin de evitar, en lo posible, el riesgo a que son sometidos los caballos en las corridas de toros.
También el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes -no el de Gobernación, detalle a tener en cuenta-, aprobó un Real Decreto en 21 de diciembre de 1929, prohibiendo a los menores de 14 años la entrada a los espectáculos taurinos y de boxeo, precísamente por considerar nociva para su educación la contemplación de las escenas cargadas de brutalidad inherentes a estos peculiares y grotescos espectáculos.
Desde los principios irrenunciables del Partido Socialista Obrero Español, no puede mantenerse por más tiempo este estado de cosas y es necesario instrumentar una decidida acción política prudente, realista y juiciosa, pero efectiva, que se base en las siguientes premisas:
*Supresión de las Escuelas taurinas y de cualquier cátedra o entidad que, sostenida con fondos públicos, fomente o aliente el espectáculo o la diversión basada en el maltrato de los toros.
*Nueva política agrícola para el fomento de usos alternativos de las dehesas ganaderas y para el fomento de la conservación genética de reses de la raza de ganado vacuno Bovino de Lidia asociado a la ganadería extensiva o de montaña. Es posible poner en valor las razas ganaderas taurinas, por su aptitud cárnica o por integrarse en valores paisajísticos y medioambientales de carácter educativo y cultural.
*Supresión de retransmisiones y de informaciones acerca de espectáculos taurinos en los medios de comunicación de titularidad estatal.
*Fomentar las distintas dimensiones culturales en torno a valores cívicos contra todas las formas y manifestaciones del maltrato animal, en especial de los bóvidos de Lidia.
*Optar por la regulación frente a la prohibición en materia de espectáculos taurinos, reformando todos aquellos aspectos toscos, crueles y alevosos del actual espectáculo taurino, en la inteligencia de que cabe obtener una rentabilidad social y económica del mismo, pero sobre la base de unos mínimos éticos que pasan por respeto a la integridad física de los animales, la proscripción del ensañamiento mortificante y la evitación de daños y accidentes en los actores intervinientes (toreros, mozos, picadores, banderilleros y demás animales de auxilio en el espectáculo, como vaquillas, mansos, caballos de rejoneo o de picadores).>>